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13/07/2014
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Santa Rosa, Guanajuato

Últimos 3 Años
 

Santa Rosa, Guanajuato el hogar mexicano
de los refugiados polacos (Enero 2012)


Por: Gloria Carreño y Celia Zack de Zukerman

Entre 1943 y 1946 la Hacienda de Santa Rosa dio asilo a un campo de refugiados polacos, desplazados por la persecución nazi y procedentes de Siberia.
Santa Rosa, Plan de Ayala es hoy día una comunidad ejidal pobre, de una pobreza ya ordinaria en México.
Un enorme chacuaco, las instalaciones de un molino de trigo, su imponente troje nos hablan de un pasado próspero, de un ayer de bonanza propia en el bajío mexicano.
El casco de la hacienda alberga un orfanato, en el que 150 niños tienen casa, escuela, talleres y una pequeña oportunidad de hacerse hombres de bien.
La llegada de los refugiados polacos en 1943 se debió a un convenio concertado entre el gobierno mexicano lidereado por el General Manuel Avila Camacho y el gobierno polaco en el exilio representado por su primer ministro Wladislaw Sikorski, en una visita que este último hizo a nuestro país en diciembre de 1942.
En ese convenio se estipulaba que llegarían a México 5 mil polacos (judíos y cristianos) procedentes de campos de refugiados situados en Persia y en India. Estos refugiados permanecerían en el país el tiempo que durara la guerra, tras de lo cual regresarían a Polonia.
Tanto el traslado como el sustento de la colonia correría por cuenta del gobierno polaco y de las organizaciones polacas de los Estados Unidos.
La primera caravana de evacuados se reunió en Bombay para zarpar en un barco de la flota americana, "Hermitage". Se reunieron 706 personas, la mayoría procedentes de Teherán, Bombay y Karachi. Entre los primeros 706 ciudadanos polacos que fueron recibidos en Santa Rosa, sólo 27 eran judíos.
Hubo un segundo grupo de refugiados que llegó a Santa Rosa el 2 de noviembre de 1943 integrado por 750, de los cuales 387 eran niños huérfanos, de ellos sólo cuatro eran judíos, así que de un total de 1432 ciudadanos polacos, sólo 31, es decir el 2.16% eran judíos.
Cuando se convino la creación de este campo de refugiados muchos creyeron que sería una buena alternativa a la desesperada búsqueda de asilo para los miles de judíos perseguidos y desplazados de los países dominados por el nazismo, pero no fue así, a la colonia Santa Rosa llegaron refugiados que ya estaban en campos bajo el auspicio de los aliados y la égida de la Cruz Roja y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Sin embargo no llegaron aquellos que estaban situados en el ojo del huracán, aquellos que peregrinaban por todas las embajadas y todos los consulados de los países democráticos en busca de una visa que les situara lejos del infierno nazi. No llegaron los que se encontraban prisioneros de los nazis los que la gran mayoría pereció, ya sea en el transcurso de la deportación, de la huida, en los ghettos o en los campos de exterminio, antes de que las organizaciones internacionales pudieran salvarlos y los gobiernos estuvieran dispuestos a hacer algo por ayudarlos.
México, respondiendo a presiones del presidente de los Estados Unidos, Roosevelt, instrumentó este tibio recurso. Y a esa ex-hacienda triguera que en el pasado conociera glorias llegaron los refugiados polacos y al situarse acentuaron una serie de contrastes, ellos blancos y sus vecinos morenos, ellos con escuela, enfermería, médicos, trabajadoras sociales, sus vecinos sin servicios, ellos con casa, comida y sustento ase-gurados holgadamente por el gobierno norteamericano y la Organización polaca de los Estados Unidos, y sus vecinos campesinos que antes habían sido medieros, peones y acasillados de la hacienda.
Y a Santa Rosa, Guanajuato fuimos, a buscar las huellas del pasado, a interrogar lo que nos pueda ayudar a tener conclusiones de esta historia, y encontramos algunos de los pasos perdidos interrogando la añosa construcción, imaginando a los 1432 polacos que llegaron distribuidos en las habitaciones, los salones y los comedores de la antigua hacienda, ahí volvimos a escuchar las voces de los niños huérfanos de guerra cuidados por las hermanas felicianas, niños que hoy día serán abuelos o abuelas y ahí entrevistamos a Don Juan, un campesino que nació en 1930, hijo de un mozo acasillado de la hacienda, nació dentro de la barda que demarca el territorio de la "Casa Grande". Cuando él tenía 13 años vio llegar a los polacos y cuando tenía 16 los vio partir con dolor en el corazón pidiendo en polaco a su novia que se quedara, la que en un afán práctico le contestó: "tú no tienes dinero, Juanito", y ahí está Juanito, dentro de los muros de la Hacienda de Santa Rosa, ahí murieron sus papas y ahí le han nacido los hijos.
También hurgando el pasado lugareño nos encontramos con Tereshka una de los 64 niños nacidos en el campo de refugiados, muchos de ellos mestizos mexica-polacos y también con Anna una de las refugiadas que llegó niña a Santa Rosa y en León se quedó y ahí tuvo hijos y nietos.
Buscando, buscando en documentos del archivo municipal nos metimos a la vida cotidiana de la colonia, nos dimos cuenta de la aceptación social que tuvieron los refugiados entre las buenas familias leonesas, con las que departieron en kermeses, carros alegóricos y serenatas.
Los judíos que llegaron al campo de refugiados salieron muy pronto por los mismos motivos que salían de Polonia años atrás: impulsados por el antisemitismo del grupo mayoritario y en busca de mejores oportunidades en México, donde algunos finalmente se arraigaron.
Al terminar la guerra la mayoría de los refugiados de Santa Rosa se fueron a los Estados Unidos. La ex-hacienda se convirtió en ex-colonia de Santa Rosa y más tarde en la Casa Don Bosco. En sus interiores la vieja construcción es fuente de historia, arqueología histórica a la que interrogamos en busca de explicaciones.





 
 
 
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